3 Juan 1:2 dice: 'Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas'. La prosperidad bíblica es multidimensional. Comienza en el alma y se expande a todas las áreas de la vida.

Cuando administramos nuestra mente conforme a la Palabra, empezamos a ver frutos de abundancia que no solo nos bendicen a nosotros, sino que nos permiten ser canales de bendición para otros.